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Pagani: la historia de un sueño a alta velocidad con sede en Imola

Imola es como la vida: se divide en jornadas con su día y su noche, y en las que hay luz y oscuridad

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Pagani: la historia de un sueño a alta velocidad con sede en Imola

Horacio Pagani es una suerte de maestro del Renacimiento residente a caballo entre el siglo XX y el XXI. Nacido en Casilda, provincia de Santa Fe, en 1955, dejó su Argentina natal gracias a una carta de recomendación firmada por Juan Manuel Fangio. ¿Su destino? Italia, país al que llegó en los años ochenta y en el que ha desarrollado su vida profesional y en el que ha conseguido hacer realidad su sueño: crear una firma automovilística que llevara su propio nombre.

Su primer trabajo en el país data de 1980, cuando se incorporó a Lamborghini para capitanear sus proyectos futuristas, como el Countach Evoluzione (1987). Años después consiguió establecer su propio taller/boutique en San Cesario sul Panaro, donde ha producido joyas como el Zonda, el Huayra o el Pagani Imola.

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-HA RESIDIDO EN ITALIA CASI CUARENTA AÑOS, ¿CÓMO HA CAMBIADO USTED EN TODO ESTE TIEMPO?

-Mi pasión, curiosidad, el interés en la vida y mi trabajo siguen siendo los mismos, aunque está claro que cuando tienes veinte años eres más valiente, tienes menos miedo. En aquella época estaba solo junto a mi esposa y no era responsable de 170 trabajadores como hoy, con todas las ventajas y desventajas que eso implica. Cuando tienes empleados piensas mucho en ellos y en sus familias, y ligado a ellos existe una multitud de suministradores. El sentimiento de responsabilidad se vuelve entonces más grande.

-VOLVAMOS A 2011. EN AQUEL MOMENTO, PAGANI, QUE VENÍA DE IMPRESIONAR AL MUNDO CON SU PRIMER HYPERCAR, EL ZONDA, DESVELÓ EL HUAYRA EN LA SEDE DE PIRELLI EN MILÁN. ¿QUÉ RECUERDOS LE TRAE AQUELLA ÉPOCA?

-A diferencia del Zonda, el Huayra era un proyecto mucho más complejo, puesto que se diseñó con el objeto de cumplir normativas para todo el mundo, incluyendo los estándares americanos, con 50 crash tests, respeto a los valores de emisiones, etc. Representó un esfuerzo mayúsculo. En 2011, con el Huayra, las cosas se pusieron serias para Pagani, que pasó a convertirse en un actor serio de la industria.

-Y AÑOS DESPUÉS HA CREADO UN COCHE CON EL NOMBRE DEL CIRCUITO DE IMOLA; ¿CUÁLES SON SUS VÍNCULOS CON ESTE CIRCUITO?

-La primera vez que visité la pista del Santerno fue en 1983. Acababa de llegar a Italia y fuimos de inmediato junto a mi mujer a disfrutar del Gran Premio de Fórmula 1. Desde entonces, no me he perdido ninguna carrera de la categoría reina allí; ni siquiera la de 1987, pese al nacimiento de mi hijo. Recuerdo incluso que acudimos con el cochecito.

-EN LOS AÑOS OCHENTA TODAVÍA TRABAJABA PARA LAMBORGHINI…

-En efecto, y fuimos a Imola a probar el Countach Evoluzione con dos pilotos de Fórmula 1 en el momento, Jean-Pierre Jabouille y Jacques Laffite. Rodar allí con ellos fue increíble.

-¿TODAVÍA UTILIZA LOS CIRCUITOS COMO BANCO DE PRUEBAS PARA LOS PAGANI?

-Cada vez que proyectamos un nuevo modelo iniciamos dos ciclos de validación: uno en carretera y otro en circuito, y en este último nuestra pista de referencia es Imola. Llevamos a cabo 16.000 km de test –el equivalente a tres ediciones de las 24 de Le Mans– en pista, buena parte de los cuales en Imola, porque nos permite poner a prueba los aspectos principales de cada modelo: transmisión, aerodinámica, frenos… La morfología del trazado es extremadamente exigente para coches como los nuestros. El paso de los años y las pruebas nos ha llevado a cimentar una gran relación con los gestores del circuito; de hecho conocemos a casi todos sus empleados: doctores, limpiadores del asfalto, encargados del cronometraje, a todos. Esta cercanía con todos ellos nos llevó a consultarles la posibilidad de acompañar nuestra novedad de 2020 con el apellido “Imola”. Y aceptaron. Construiremos cinco unidades –todas ellas ya vendidas– a modo de tributo para este extraordinario autódromo.

-UNA VEZ AFIRMÓ QUE IMOLA ES UN LUGAR SAGRADO PARA TODO AFICIONADO A LAS CARRERAS, ¿POR QUÉ?

-Imola nos ha regalado victorias extraordinarias y tragedias terribles. Este circuito es como la vida: hay día y noche, tiene luz y también oscuridad. Por eso es un lugar sagrado.

-¿CÓMO VE EL HYPERCAR DEL FUTURO: ELÉCTRICO, HÍBRIDO O NINGUNO DE AMBOS?

-Los clientes de hoy día, por lo menos los de Pagani, no quieren un coche híbrido. Tampoco hemos recibido una sola consulta sobre un posible Pagani eléctrico. De hecho hicimos una encuesta entre nuestros compradores para conocer sus preferencias: ¿Un híbrido con 1.000 CV y que pese 1.750 kg o un automóvil con mecánica de combustión biturbo con 850 CV para 1.300 kg? Ni uno solo se inclinó hacia la opción híbrida. Claro que es posible que en el futuro cambien de opinión… pero lo que no variará es que nuestros coches buscarán ofrecer siempre emoción.

-¿EN QUÉ SE FIJA CUANDO ENTRA EN UN AUTOMÓVIL?

-A lo largo de los años he tenido el enorme privilegio de conducir muchos coches, y entre ellos siento una cierta predilección por los Porsche. Tengo un Carrera GT, un modelo casi de competición con mecánica de 10 cilindros, y un 918, cuyo diseño es tan bello que me gusta tenerlo a la vista para admirarlo. Si lo que se busca son emociones al volante, me quedo con el GT, que es menos perfecto, pero ofrece mayor disfrute cuando se conduce. Si dejamos estos dos coches al margen, nuestros propios modelos, como los Ferrari y los Lamborghini, deben, por encima de todo, regalarnos emoción.

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